No he muerto ni moriré:
Mientras exista un ápice
de valor en la sangre generosa
que bendice mis venas
con su fuerza insurrecta.
Mientras el frenesí de mi vuelo
sea un águila,
y los gélidos montes
no coarten mi generación.
Mientras el ardid
de los “tantos” egos furiosos,
no frenen a los “muchos” sueños
que me honran,
y que en la alborada se yerguen airosos,
frustrando la inclemencia
de los que prevarican,
pero sucumben a la sombra de mi luz.
No he muerto ni moriré
por dejar de ser invisible ante la parca,
por recoger mis despojos de viento
para volver a ser ave cantora,
reinventando los momentos de silencio,
convirtiéndolos en eco dulce
que replica leve en el murmullo.
¡No, no he muerto!
Protesta la voz clamando
en mis lamentos.
Constantes se posan mis plantas
en el suelo.
Con mi ánimo libre de quebrantos,
una fe de alas partidas,
unos pies desamparados,
pero sin estancarme.
autor:Jael Uribe
Mientras exista un ápice
de valor en la sangre generosa
que bendice mis venas
con su fuerza insurrecta.
Mientras el frenesí de mi vuelo
sea un águila,
y los gélidos montes
no coarten mi generación.
Mientras el ardid
de los “tantos” egos furiosos,
no frenen a los “muchos” sueños
que me honran,
y que en la alborada se yerguen airosos,
frustrando la inclemencia
de los que prevarican,
pero sucumben a la sombra de mi luz.
No he muerto ni moriré
por dejar de ser invisible ante la parca,
por recoger mis despojos de viento
para volver a ser ave cantora,
reinventando los momentos de silencio,
convirtiéndolos en eco dulce
que replica leve en el murmullo.
¡No, no he muerto!
Protesta la voz clamando
en mis lamentos.
Constantes se posan mis plantas
en el suelo.
Con mi ánimo libre de quebrantos,
una fe de alas partidas,
unos pies desamparados,
pero sin estancarme.
autor:Jael Uribe
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